Keiko Fujimori asume la presidencia de Perú en medio de tensiones políticas y sin mayoría parlamentaria
Keiko Fujimori asumió la presidencia de Perú 26 años después del fin del gobierno de su padre, Alberto Fujimori.
La nueva mandataria inicia su gestión con la promesa de aplicar medidas de «mano dura» contra la delincuencia e impulsar la continuidad del modelo económico neoliberal. Sin embargo, su llegada al poder genera fuertes objeciones entre los sectores de oposición, que advierten sobre los riesgos de un proyecto político autoritario y de retrocesos en materia de derechos humanos y lucha contra la corrupción.
A diferencia del escenario de años recientes en los que el fujimorismo ejerció un amplio dominio legislativo, el nuevo gobierno arranca sin mayoría absoluta en el Congreso. Aunque mantiene la presidencia del Senado con 30 de las 60 curules, la oposición asumió la dirección de la Cámara de Diputados, donde el oficialismo cuenta únicamente con 56 de los 130 escaños. Esta fragmentación obligará al Ejecutivo a buscar alianzas para sacar adelante sus propuestas legislativas.
En el plano económico e internacional, la administración de Fujimori busca preservar la estabilidad macroeconómica del país, al tiempo que enfrenta desafíos estructurales como una informalidad laboral superior al 70 % y deficiencias en los servicios públicos. Asimismo, la agenda exterior estará marcada por un alineamiento con gobiernos de corte conservador en la región y un estrechamiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos.
